LA ICONOGRAFÍA FAMILIAR (V)
Atención: es frecuente el fenómeno de la frustración de aquellos investigadores de su propia familia quienes, no encontrando en sus pesquisas los retratos apetecidos, que tanta elegancia confieren a un gabinete o un despacho, se los procuran por otras vías que no aconsejamos porque pueden provocar un ridículo espantoso. Resulta patético el caso del sujeto que nos presenta ufano, como retrato de una antepasada, el de una distinguida dama decimonónica con elegantes bandós que enmarcan sus facciones, cuando recordamos perfectamente haberla visto en una subasta reciente. Al regresar a casa comprobamos, catálogo en mano, que la antepasada de turno le costó a nuestro conocido algo más de 700 euros, a los que habrá de añadir, los impuestos correspondientes y el porcentaje de la sala, más, en este caso, la restauración del marco, necesaria de todo punto.
Para hacer presente la memoria de nuestros antecesores pueden servirnos también los documentos antiguos en que se les mencione, como diplomas o nombramientos, o aquellos en los que apareciese su firma. Este es un elemento que, a través de la grafología, nos puede ayudar a conocer mejor al personaje estudiado. Igualmente puede completarse la memoria gráfica del linaje con bordados realizados por nuestras tías abuelas cuando eran niñas (en muchas casas quedan esos abecedarios llamados dechados), las insignias, medallas, alhajas y relojes u otros objetos de uso personal con sus iniciales o dedicatorias grabadas, algunas entrañables por referirse a aniversarios señalados. Podemos completar esta faceta con las imágenes de los santos a los que se tuvo especial devoción en la familia o en cuyas cofradías militaron nuestros parientes así como grabados antiguos de las localidades de donde procedían y mapas contemporáneos de las épocas en las que allí radicaron.
José Luis Sampedro Escolar Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria
