El crecimiento masivo experimentado por los movimientos migratorios protagonizados por miles de personas que cambian de residencia desplazándose a los países más desarrollados económica y socialmente es un fenómeno que dificulta en nuestros días (y dificultará enormemente en el futuro) la tarea investigadora de los genealogistas. Confluyen para ello varios factores: el uso de lenguas exóticas y poco conocidas, el típico deseo de esconder orígenes humildes, el deseo de hacer desaparecer antecedentes penales, la propia estructura social de ciertos ambientes marginales de los que se nutren muchas familias emigrantes,…Son casos, pues, en su mayoría, muy diferentes a los que hemos expuesto en colaboraciones anteriores en los que una familia ilustre y plenamente documentada, pongamos por caso, escocesa o irlandesa, llegaba a España huyendo de persecuciones religiosas en su país de origen.

Otro factor de dificultad añadida de casi imposible solución lo aportan las numerosísimas adopciones que se están produciendo en todo Occidente en los últimos decenios. En el siglo XIX y primera mitad del XX, las adopciones eran excepcionales y, en muchos casos, se producían entre miembros de la misma familia. Por ejemplo, el tío solterón que adoptaba a un sobrino para que la herencia tributase menos a Hacienda o el matrimonio de tíos que adoptaba al sobrino huérfano al que habían educado desde la niñez. En estos casos, la genealogía biológica podía trazarse con facilidad, porque los expedientes administrativos contenían los datos necesarios para ello, pero cuando el adoptado tiene unos antepasados incógnitos hasta para e hospicio de donde procede, a veces en extremo oriente o en países de caótica organización burocrática, solamente podremos trazar genealogías ficticias que unan al adoptado con los adoptantes, con quienes le ligan poderosos lazos afectivos, pero en absoluto biológicos, lo cual hará infructuosos los intentos de sacar conclusiones médicas o genéticas aplicables en esas familias con miembros añadidos por vía de adopción.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria