Los genealogistas se ven abocados necesariamente a plasmar el resultado de sus investigaciones mediante instrumentos que permiten una cierta claridad expositiva para hacer inteligibles las relaciones parentales que unen a los diferentes miembros de las familias. Hay muy diversas formas de plasmar estas informaciones, pero una de las más frecuentes, por resultar normalmente bastante claras, es la elaboración de esquemas que, por su forma, reciben, desde antiguo, el nombre de “árboles genealógicos”, nombre muy literal puesto que hasta fechas no muy lejanas estos esquemas se adornaban de tal manera que simulaban verdaderos árboles.

Árbol genealógico renacentista de los Reyes de Aragón Árbol genealógico renacentista de los Reyes de Aragón

Lógicamente, los modernos genealogistas debemos tender a la mayor simplicidad en aras de una claridad expositiva que permita al lector comprender fácilmente los parentescos que se le quieren explicar. Para ello, hemos de tener muy claro qué es lo que queremos explicar mediante nuestro esquema gráfico. Por ejemplo, podemos exponer los ascendientes de un personaje, y así elaboraremos un “árbol de ascendientes”, también llamado “ascentorium” (o “árbol de costados” se se incluyen varias de las ramas de entre los antepasados). Como ejemplo, reproducimos el árbol de los antepasados de Alfonso X el Sabio, Rey de Castilla:

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Otro ejemplo diferente se dará si tratamos de exponer parte (o la totalidad) de la descendencia de un personaje. Sigamos con Alfonso X de Castilla:

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José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria