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PlusGenealogia > Blog > Sábado 4 , de julio 2009

Los blogs de Plusgenealogía

1 julio 2009

LA HERÁLDICA (III) ALGUNAS NOCIONES DE HERÁLDICA

Los escudos no son los únicos emblemas heráldicos sino la base de los más importantes; entre tales emblemas, los llamados escudos de armas o, simplemente, las armas que aparecen representadas en los mismos. Los escudos tienen íntima relación con sus elementos externos -yelmos, coronas o mitras que los timbran-, los lambrequines, los tenantes y los soportes, las condecoraciones e insignias que se acolan, las banderas que los ornan, etc. Diferentes, aunque parecidas, son las divisas personales, como el yugo adoptado por el Rey Fernando el Católico en homenaje a su esposa Isabel I de Castilla y las flechas que en contrapartida usó la Reina como referencia a la letra inicial del nombre de su marido. Igualmente tienen carácter de divisa personal las columnas de Hércules, emblema heráldico adoptado como representación personal por el Emperador Carlos V y que, con el transcurrir del tiempo, daría lugar al nacimiento del signo del dólar ($), cuyo anagrama no es más que la esquematización de las aludidas columnas y de la filacteria o cinta en la que se escriben las célebres palabras PLUS ULTRA, alusivas a la empresa del descubrimiento y colonización de América.

En cuanto al escudo de armas estrictamente considerado, las formas que puede adoptar, según la procedencia geográfica o el uso al que se destine, son el escudo español, francés, inglés e italiano, en razón de la mencionada procedencia. Los escudos ovalados pertenecen a las mujeres, que también los emplean romboidales (en losange). Algunas ciudades, en especial de la zona mediterránea, los usan cuadrados, apoyados sobre uno de los ángulos, como en los casos de Barcelona y Valencia.

Por la época y el estilo artístico al que corresponda caben infinidad de variantes pero ha de tenerse en cuenta que el momento de mayor pureza de la heráldica es la Edad Media. Los escudos renacentistas, barrocos y de estilo rococó, aunque nos parezcan de gran belleza son bastante decadentes y, en ocasiones, excesivamente fantasiosos.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

26 junio 2009

LA HERÁLDICA (II)

Aunque el gran público asocie la imagen de los escudos heráldicos con la nobleza, la teoría desmiente esta idea. En casi todos los países en los que la heráldica sirve para identificar a personas y familias, la adopción de un escudo no requiere necesariamente la posesión previa de la nobleza, pues en nuestro entorno cultural los escudos heráldicos sirven tanto para distinguir a nobles y reyes como a gremios, ciudades, comerciantes, prestamistas (luego convertidos en banqueros y financieros) y un largísimo etcétera de corporaciones y entidades de muy diversa índole.

De hecho, salvo en el antiguo reino de Navarra, la posesión de armas heráldicas no ha sido considerada como prueba de nobleza en ninguno de los reinos de España. Precisamente por ello, las menciones heráldicas en los expedientes de prueba de nobleza (en Chancillerías, Órdenes Militares, Maestranzas,…) no tiene casi cabida y, de hacerse mención a las armas de un linaje, se hace de pasada y sin demasiada insistencia, por ser conocida la escasa importancia que para la prueba de nobleza requerida representaba este dato. Mas, como avanzábamos, en Navarra la posesión de escudo de armas por una persona o familia sí era una de las más determinantes pruebas de nobleza, y, además, el uso indebido de tales emblemas era severamente reprimido por las autoridades, por considerarse un grave delito.

Por tanto, pese a lo sonoro de los términos usados en la heráldica, ésta debe considerarse como una ciencia que estudia una de las formas identificativas más interesantes de la cultura occidental, pero es un fenómeno social que no debe identificarse estrictamente con las clases nobles aunque, por lógica, en el estamento nobiliario florece alcanzando enorme brillantez. Dado que en el escudo de armas se cifra lo que de honroso tiene un linaje o la conmemoración de la hazaña de un héroe es lógico que el término “blasonar” signifique “hacer ostentación de alguna cosa con alabanza propia”, además de su originario significado de “describir correctamente un escudo de armas”.

__José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria__

12 junio 2009

LA HERÁLDICA (I)

La heráldica, según recoge el Diccionario de la real Academia española, es la ciencia del blasón, es decir, el conjunto de reglas que nos sirven para componer y describir correctamente escudos de armas. Esta definición nos lleva, de modo inevitable, a definir los escudos de armas, que son los emblemas que se pintan sobre un campo con forma de este arma defensiva (el escudo) y que sirva para identificar reinos, ciudades, personas, gremios, etc.

La heráldica, tal y como la entendemos en la actualidad, nació a finales del siglo XII en la zona geográfica a ambos lados del canal de la Mancha, extendiéndose con gran rapidez por las isalas británicas, Francia, Alemania, Países bajos y Flandes, Luxemburgo, Italia, Aragón, Castilla y Portugal. Su rápida expansión es fácil de explicar en un mundo en continuas luchas en el que era muy difícil reconocer a los aliados y a los adversarios, de tal manera que los colores brillantes de las divisas heráldicas permitían este reconocimiento en el caso, tan frecuente en la edad media, de que los combatientes ocultasen su rostro con la celada de yelmos y cascos. Los grandes señores –reyes, príncipes, prelados y magnates en general- eran quienes levantaban más numerosos ejércitos, en derredor de cuyas enseñas se agrupaban las huestes en marcha y en la batalla, y por ello, los emblemas heráldicos van adquiriendo un tinte de nobleza, prestigio y poderío que a los ojos sencillos de las multitudes medievales los convierten en la representación de estos bienes tan preciados.

Antes de avanzar más en el sugerente mundo de la Heráldica subrayemos su doble carácter simbólico y emblemático y aclaremos sus diferencias. Un símbolo representa a algo que no existe materialmente: el color verde simboliza la esperanza; el negro, simboliza el luto. Un símbolo también puede representar algo existente de una manera genérica: el química, las letras AU son el símbolo del oro. Un emblema representa algo existente: un partido político, un equipo deportivo, una ganadería. No es difícil entender que un escudo heráldico es emblema de una persona, una familia o un reino, pero también es símbolo del orgullo de sus gestas, de las hazañas de los antepasados, de la esperanza en el futuro de la patria o del amor a los antepasados. Por tanto, un escudo heráldico es, por una parte, simbólico y por otra, emblemático (adjetivo éste ahora usado con exageración pero que en este caso resulta imprescindible).

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

22 mayo 2009

LA ICONOGRAFÍA FAMILIAR (VI)

Algunas personas que han perdido en diversos avatares (guerras, inundaciones, incendios) los auténticos retratos de su familia, se hacen pintar de memoria versiones similares a los retratos robot de la policía, o adecúan con repintes cuadros antiguos comprados al efecto, a los que se añaden las oportunas condecoraciones, cartelas identificativas o armas heráldicas si a ello hubiese lugar. Es la misma labor que realizaban, hace siglos, los grandes aristócratas cuando se inventaban las galerías apócrifas de antepasados, personajes que existieron realmente pero que jamás fueron retratados, obteniendo así una especie de efigie simbólica o icono ante el que ejercer esa liturgia del recuerdo de los antepasados que el hombre practica desde hace siglos.

Como en todas las facetas de la vida, la prudencia, la mesura y el buen gusto son requisitos necesarios o, al menos, convenientes. Algún título del reino se hizo pintar antepasados luciendo la insignia del Toisón de Oro en épocas en que no se había creado esta Orden, aunque es peor lo de aquella conocida familia que ponía al pie de las imágenes de la Virgen: Santa María, Madre de Dios y pariente nuestra.

Del papel preferente que ocuparán en el recuerdo del linaje las representaciones de sus armas heráldicas (en pintura, talla, esmalte, vidriera, tapiz, repostero, etc.) hablaremos más adelante, cuando toquemos con detalle la heráldica en sus relaciones con la genealogía.

José Luis Sampedro Escolar Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

8 mayo 2009

LA ICONOGRAFÍA FAMILIAR (V)

Atención: es frecuente el fenómeno de la frustración de aquellos investigadores de su propia familia quienes, no encontrando en sus pesquisas los retratos apetecidos, que tanta elegancia confieren a un gabinete o un despacho, se los procuran por otras vías que no aconsejamos porque pueden provocar un ridículo espantoso. Resulta patético el caso del sujeto que nos presenta ufano, como retrato de una antepasada, el de una distinguida dama decimonónica con elegantes bandós que enmarcan sus facciones, cuando recordamos perfectamente haberla visto en una subasta reciente. Al regresar a casa comprobamos, catálogo en mano, que la antepasada de turno le costó a nuestro conocido algo más de 700 euros, a los que habrá de añadir, los impuestos correspondientes y el porcentaje de la sala, más, en este caso, la restauración del marco, necesaria de todo punto.

Para hacer presente la memoria de nuestros antecesores pueden servirnos también los documentos antiguos en que se les mencione, como diplomas o nombramientos, o aquellos en los que apareciese su firma. Este es un elemento que, a través de la grafología, nos puede ayudar a conocer mejor al personaje estudiado. Igualmente puede completarse la memoria gráfica del linaje con bordados realizados por nuestras tías abuelas cuando eran niñas (en muchas casas quedan esos abecedarios llamados dechados), las insignias, medallas, alhajas y relojes u otros objetos de uso personal con sus iniciales o dedicatorias grabadas, algunas entrañables por referirse a aniversarios señalados. Podemos completar esta faceta con las imágenes de los santos a los que se tuvo especial devoción en la familia o en cuyas cofradías militaron nuestros parientes así como grabados antiguos de las localidades de donde procedían y mapas contemporáneos de las épocas en las que allí radicaron.

José Luis Sampedro Escolar Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

24 abril 2009

LA ICONOGRAFÍA FAMILIAR (IV)

Si en nuestra búsqueda de retratos de los miembros de una familia hallamos óleos y acuarelas, miniaturas, esculturas u otras representaciones similares, debemos procurar su reproducción fotográfica y (si es posible hacerlo de una manera decorosa) su copia por artistas modernos que cumplan dignamente este cometido. No reparemos en gastos y hagamos el planteamiento de hasta cuánto estaríamos dispuestos a gastar en un anticuario si allí localizásemos un retrato verdadero de uno de nuestros antepasados porque lo hubiese vendido, por caso, un pariente lejano.

Algo similar practicó el autor de estas líneas cuando encontró a la venta algunas láminas litográficas de la obra Estado Mayor General (colección de retratos de generales de la época de Isabel II) entre las que se hallaba la que representaba a un cuarto abuelo suyo, adquiriendo así el retrato de un su abuelo que ganara una batalla, como dijera el poeta León Felipe, pues se daba el caso de que el retratado había combatido en numerosas acciones, desde las guerras contra la Francia revolucionaria hasta la I contienda carlista.

Es igualmente apropiado buscar representaciones, aunque sean apócrifas, de hechos históricos donde nos consta que estuvieron presentes nuestros antepasados, aunque carezcamos de su retrato particularizado. Por ejemplo, colgar en casa la representación historicista de la batalla de Lepanto, a la que tenemos constancia que asistiera un lejano abuelo o el cuadro de la decapitación de los Comuneros, de Gisbert, si descendemos de uno de ellos.

José Luis Sampedro Escolar Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria'

10 abril 2009

LA ICONOGRAFÍA FAMILIAR (III)

A la hora de investigar acerca de los testimonios gráficos referentes a la familia que investiguemos debemos rebuscar entre los parientes y amigos de la familia y los vecinos y amigos de gran trato, quienes pueden conservar retratos, recordatorios, invitaciones que para ellos no tengan quizás un valor excesivo que han conservado por azar, posibilitando que nos los cedan o, al menos, que nos permitan reproducirlos.

Las personas de edad de esos círculos, aunque con ciertas reservas, pueden ayudarnos en las tareas identificativas. Un mínimo conocimiento de las modas del vestido reflejadas nos permitirá situar cronológicamente los retratos y, aunque sea de modo somero, tratar de cotejar las fechas de las imágenes con las edades que deberían aparentar en ese momento las personas presuntamente retratadas. Si nos presentan a una dama de edad joven por su aspecto, vistiendo a la moda del reinado de Amadeo de Saboya (hacia 1870), y nos aseguran que la tradición oral de la familia es que se trata de una tatarabuela fallecida, casi centenaria, en 1862, debemos tomar el dato con justificada cautela. Si el personaje es militar u ostenta algún otro tipo de uniforme, condecoración o insignia, estos elementos facilitarán la labor.

Es conveniente preguntar a las personas informantes acerca de la procedencia del álbum o del retrato objeto de identificación y, si tenemos otros testimonios de los protagonistas, compararlos críticamente y pedir que traten de realizar esta operación personas ajenas a la familia para observar sus comentarios acerca de los parecidos, las modas, etc. Y una cuestión muy importante es conservar y valorar el dato del fotógrafo, que solía figurar con generosa claridad en las añosas cartulinas, pues nos permitirá fijar el lugar y la fecha, aunque sea aproximadamente, en que se realizaron los retratos investigados.

''José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria''

27 marzo 2009

LA ICONOGRAFÍA FAMILIAR (II)

Las galerías de antepasados regios, fórmula de ensalzamiento de las glorias dinásticas, alcanzan su más alta cristalización en los encargos de la casa de Austria a Tiziano y Velásquez, y se reproducen a menor escala en las mansiones de los grandes linajes nobles de cada reino que, en ocasiones, se hacen pintar series apócrifas, absolutamente inventadas y con grandes anacronismos en el vestuario o la heráldica, para completar las colecciones de retratos auténticos de cada familia.

Los usos de la alta nobleza y de la aristocracia son copiados rápidamente por las familias burguesas, sobre todo en Gran Bretaña, donde se hacen retratar a lo largo de los siglos por los más afamados pintores, y, fruto de este afán, son muchas de las grandes obras de arte de pintores y escultores con Van Dyck, Canova, David, Ingres, Winterhalter, Laszló y, en nuestra patrias, Goya, Vicente López, los Madrazo, Benedito, Sotomayor, Benlliure, Casas y Torréns, por no citar más que algunos ejemplos cumbre.

Así las grandes casas tiene un amplio y valioso patrimonio iconográfico para recordar a sus ancestros, la mayoría de los ciudadanos no tiene tal suerte, y, a lo sumo, hay en su herencia algún retrato pictórico aceptable de uno o dos de sus antepasados, en lienzos de tamaño regular o en miniaturas, y en caso de suerte, una partida de fotografías de finales del siglo XIX y principios del XX donde aparecen familiares de la época, en muchos casos sin identificar convenientemente ni los personajes ni los lugares.

La localización del material adecuado para obtener este complemento gráfico de nuestra labor genealógica puede ser, si no imposible, de cierta dificultad.

''José Luis Sampedro Escolar
Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria''

13 marzo 2009

LA ICONOGRAFÍA FAMILIAR (I)

Desde los tiempos de la antigüedad, entre los hombres civilizados, ha existido una suerte de culto a los antepasados que trataban de conservar no sólo su nombre y sus hechos, sino también su imagen, la memoria de su aspecto físico.

Así, los romanos tenían el altar de los antepasados con bustos y relieves que los representaban con gran realismo, destacando las imágenes de cuerpo entero y bulto redondo. Las esculturas monumentales estaban reservadas a los dioses y a los emperadores, por lo que el resto de los mortales, siempre que tuviesen medios económicos para ello, debían conformarse con bustos o cabezas que terminaban generando auténticas galerías familiares, agrupadas en el ara de los antepasados. En tiempos tardíos, por influencia helenística y copta, se dieron con alguna asiduidad retratos pintados, que aparecen normalmente en sarcófagos de aire egipcio, algunos de un verismo extraordinario.

Durante la Edad Media, los retratos no son de gran fiabilidad, ni tan siquiera los de los más poderoso personajes (Reyes, Emperadores, Pontífices y Obispos) que se representan en sepulcros, manuscritos, estelas y monedas de forma harto esquemática. Lo único que nos aportan es una idea de su atuendo y los rasgos generales. A finales de este periodo y principios del Renacimiento, resurge el género del retrato, tanto en los Países Bajos, Borgoña y Flandes, como en Inglaterra, Italia, Francia y España. La opulenta burguesía del Centro y el Norte de Europa anhela dejar su rastro visual como donantes de obras de arte a la Iglesia o como muestra de respeto y afecto en los esponsales. Los Reyes de Inglaterra y Escocia se hacen pintar en tablas de pequeño tamaño que pronto serán un modelo seguido por sus respectivos cortesanos y por otros personajes de la Europa de su tiempo. En los países mediterráneos, seguramente por influencia de la Corte de Maximiliano de Austria, la iconografía principesca adquiere tintes de programa propagandístico para ensalzar las glorias de cada Dinastía ( Habsburgo, Visconti, Gonzaga, Médici, …). Basta citar la realización de los encargos imperiales por Alberto Durero para confirmar la certeza de esta aseveración. No olvidemos que, por estas fechas, los genealogistas áulicos de Maximiliano se empeñaban en trazar su descendencia de Eneas, de Hércules y desde el mismísimo padre Adán, según fastuosos códices conservados en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial.

Al margen de otras consideraciones, resulta innegable que gracias a ellos podemos conocer los rasgos de estos príncipes y estudiar científicamente el famoso prognatismo de los Habsburgo sin tener que llegar a examinar los restos mortales de tan ilustres personajes. Esta tarea de estudio fisiognómico, basándose en los huesos de los protagonistas de la Historia, se ha realizado con diversas osamentas, como las del Cid, la de Yaroslav el Sabio, Iván el Terrible y otros muchos.

''José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria''

20 febrero 2009

La numeración Sosa-Stradonitz y su aplicación práctica. LOS ÁRBOLES GENEALÓGICOS (VI)

Manejando con soltura la numeración Sosa -Stradonitz podremos señalar, por ejemplo, la genealogía ascendente del personaje estudiado (al que, como ya sabemos, corresponde siempre el número 1, que es impar, aunque sea mujer) de la siguiente manera, utilizando para este ejemplo la figura del Rey Don Juan Carlos I:

1- Don Juan Carlos I, Rey de España desde 1975, Soberano del Toisón de Oro (y tantos etcéteras como estimemos conveniente, pues ya no estaremos constreñidos por el espacio donde plasmar estos datos). Hijo de D. Juan de Borbón y Battenberg (vid. nº 2) y de Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns (nº 3). Nacido en Roma en 1938. Bautizado por el Cardenal Pacelli, luego S.S. Pío XII, en la capilla del palacio de Malta…Casado en 1962 con S.A.R. la Princesa Sofía de Grecia y de Dinamarca… Padre de tres hijos: SS.AA.RR. los Infantes Doña Elena, Duquesa de Lugo, Doña Cristina, Duquesa de Palma de Mallorca, y Don Felipe, Príncipe de Asturias, etc. 2- S.A.R. Don Juan de Borbón y Battenberg…. 3- S.A.R. Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns… 4- S.C.M. Don Alfonso XIII… 5- S.C.M. la Reina Doña Victoria Eugenia, Princesa de Battenberg… 6- S.A.R. el Infante D. Carlos de Borbón, Príncipe de las Dos Sicilias… 7- S.A.R. la Infanta Doña Luisa de Orleáns, titulada Princesa de Francia por los seguidores de la rama de Orleáns… 8- S.C.M. el Rey Don Alfonso XII… 9- S.C.M. la Reina Doña María Cristina, Regente de España, Archiduquesa de Austria, Princesa de Hungría, de Bohemia… 10- S.A. el Príncipe Enrique de Battenberg… 11- S.A.R. Beatriz, Princesa de la Gran Bretaña e Irlanda, Princesa de Battenberg… ……. 16- S.C.M. Don Francisco de Asís, Rey Consorte de España, Infante de España, Duque de Cádiz… 17- S.C.M. la Reina Doña Isabel II… …….. 23- S.G.M.B. Victoria I, Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda y Emperatriz de la India… ……. 32- S.A.R. D. Francisco de Paula, Infante de España… …… 64- S.C.M. El Rey Don Carlos IV… ….. 128- S.C.M. Don Carlos III, Rey de España…. … 256- S.C.M. D. Felipe V, Rey de España, Duque de Anjou…. … 512- S.A.R. Monseñor Luis, Delfín de Francia… … 1.024- S.M.Luis XIV, Rey Cristianísimo de Francia… 1.025- S.M.C. María Teresa, Reina de Francia, Infanta de España. … 2.050- S.C. M. Felipe IV, Rey de España y de las Indias…

'' José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria''

6 febrero 2009

La numeración Sosa-Stradonitz y su aplicación práctica. LOS ÁRBOLES GENEALÓGICOS (V)

Los árboles genealógicos concebidos como representaciones gráficas de las líneas de parentesco entre diferentes personas resultan claros y útiles siempre que no incorporen un excesivo número de personajes. En la fase de nuestras investigaciones en la que nos encontramos, la representación de la ascendencia del protagonista de nuestro estudio, podremos representar con cierta claridad esquemas que se remonten a ocho o diez generaciones de antepasados pues, a partir de esos niveles, la multiplicación geométrica hace muy difícil incorporar una tal cantidad de datos en un formato normal. Si hablamos de papel, más allá del doble folio se encarece el libro, se dificulta el trabajo de las impresoras de ordenador, se hace casi imposible la reproducción por fotocopia…

Llegados a estos extremos, es necesario buscar soluciones ingeniosas, no siempre de la claridad expositiva deseable, pero que posibilitan la reseña de los datos que queremos conservar y dar a conocer. Para ello, podremos usar la relación de los antepasados mediante la numeración Sosa-Stradonitz, pero, eso sí, debemos acompañar siempre el ejemplar donde lo utilicemos de una somera explicación de su funcionamiento pues, de omitirlo, el resultado será ininteligible para cualquier posible interesado que no esté versado en estas técnicas genealógicas.

En las entradas que a cada personaje estudiado abramos, se podrán añadir tantos datos biográficos como se estime conveniente, dentro, claro está, de nuestras posibilidades. Estas entradas pueden tomar la forma de fichas, carpetas, sobres (donde se pueden introducir fotografías, documentos, mechones de cabello…), según el volumen de conocimiento que tengamos de cada sujeto tratado.

''José Luis Sampedro Escolar Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria''

7 enero 2009

Definición de Genealogía

El Diccionario de la Real Academia Española, en su vigésimosegunda edición, nos acerca al significado de la palabra Genealogía con definiciones como "Serie de progenitores y ascendientes de cada persona", "Escrito que la contiene" o "Disciplina que estudia la genealogía de las personas". Existen definiciones más completas, como las que propone José Luis Sampedro Escolar, co-autor de este blog, pero en esta ocasión nos vamos a centrar en "las otras definiciones", las que explican el vocablo Genealogía como:

Diccionario_RAE.jpg

- Estudio de nuestra filiación hasta llegar a un antepasado que no tuvo interés en averiguar la suya.
- Algo que se empieza pero nunca se acaba.
- Aquello en que la respuesta a un problema lleva a dos nuevos problemas.
- Gente que colecciona gente.
- Colección de antepasados muertos y primos vivos.
- Más que un hobby... ¡es una obsesión!

17 diciembre 2008

LOS ÁRBOLES GENEALÓGICOS (IV). La numeración Sosa-Stradonitz

Para aplicar el sistema de numeración de ascendientes conocido por numeración Sosa (o Sosa-Stradonitz), daremos el número 1 al personaje en el que se centra la investigación, personaje que resultará, por tanto, impar, sea el que fuera su sexo. Este dato es importante porque constituye la única excepción del sistema, puesto que en las siguientes generaciones ascendientes los varones siempre tendrán asignado un número par y las mujeres, uno impar.. El padre del personaje número 1 será el número 2, resultado de multiplicar por 2 el número del interesado cuyo padre se busca, mientras que la madre del número 1 será el número 3, resultado de sumar una unidad al número del padre. En la generación de los abuelos, el abuelo paterno será el número 4 (2x2 = 4), y la abuela paterna el número 5 (4+1); el abuelo materno será en número 6 (3x2 = 6) y la abuela materna el número 7 (6+1 = 7). Como se puede comprobar, los varones son siempre pares y las mujeres, impares, según habíamos avanzado.

Si tratamos de exponer la genealogía de Francisco Escolar Asensio, al que damos el número 1, y buscamos a su padre, Modesto Escolar Ibáñez, multiplicaremos 1 por 2 y daremos a Modesto este número 2. La madre será el número 2 más 1 = 3, número que corresponde a Julia Asensio Martín de Yanguas.

El abuelo paterno, 2 x 2, será el numero 4, Crisanto Escolar, cuya mujer (4+1) será el número 5, correspondiente a Lucrecia Ibáñez. Para encontrar al bisabuelo paterno multiplicaremos 4 por 2 (8), que nos llevará a Marcial Escolar Romero, cuya mujer será la número 9 (8+1), Josefa Romero, bisabuela paterno-paterna del número 1.

El tatarabuelo paterno-paterno (José Ramón Escolar Martínez) será el número 16 (resultado de multiplicar 8 (el bisabuelo) por 2), y la tatarabuela paterno-paterna, el número 17 (16 +1), que daremos a Isabel Moreno Martínez. El padre de José Ramón (16) será el número 32 (16 x 2), Diego Escolar Martínez, y la madre, Catalina Martínez Ulibarría, el 33 (32 + 1).

sosa

José Luis Sampedro Escolar
Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

3 diciembre 2008

LOS ÁRBOLES GENEALÓGICOS (III)

Lo que se ha dado en llamar la genealogía de costados trata de exponer los antepasados de un sujeto por todas las líneas ascendentes (paternas y maternas), hasta la generación que se estime conveniente (o que se pueda alcanzar). Así, se usan, por ejemplo, expresiones como ser noble por los cuatro costados (tener nobleza en los linajes de los cuatro abuelos) o tener un costado judío (si aparece esta circunstancia en uno de los linajes ascendentes).

Como no es necesario explicar, cuando se llega más allá de los bisabuelos o los tatarrabuelos, el problema de exponer gráficamente las ascendencias de costados completas se hace prácticamente intratable, dado que nos encontramos ante una progresión geométrica pura, puesto que, indefectiblemente, todos tenemos un padre y una madre, dos abuelos y dos abuelas, cuatro bisabuelos y cuatro bisabuelas…Otro asunto es que lleguemos a identificarlos y localizarlos, pero, tenerlos, los tenemos todos. Ocho bisabuelos se convierten en 16 tatarabuelos, 32 cuartoabuelos y 64 quintoabuelos, de tal forma que, para la generación correspondiente a los inicios de la reconquista (principios del siglo VIII), deberíamos tener más de 34.000 millones de antepasados. Como es fácil comprobar, no había tal cantidad de personas en toda España, por lo que es indiscutible que encontraremos una gran endogamia en toda la población, desde los soberanos de las más altas dinastías hasta las clases más humildes.

La solución más aceptable adoptada por los genealogistas para reseñar las ascendencias de costados es numerar a los antepasados con el denominado sistema Sosa-Stradonitz, numeración concebida por el genealogista español Jerónimo de Sosa y popularizada por el alemán Stephane Kikule von Stradonitz. Mediante su aplicación, se puede estableces sin límites la genealogía ascendente de un individuo, y es de un uso realmente sencillo, que expondremos en nuestra próxima colaboración.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

5 noviembre 2008

FAMILIAS ESPAÑOLAS DE ORIGEN EXTRANJERO (III) por José Luis Sampedro Escolar

El crecimiento masivo experimentado por los movimientos migratorios protagonizados por miles de personas que cambian de residencia desplazándose a los países más desarrollados económica y socialmente es un fenómeno que dificulta en nuestros días (y dificultará enormemente en el futuro) la tarea investigadora de los genealogistas. Confluyen para ello varios factores: el uso de lenguas exóticas y poco conocidas, el típico deseo de esconder orígenes humildes, el deseo de hacer desaparecer antecedentes penales, la propia estructura social de ciertos ambientes marginales de los que se nutren muchas familias emigrantes,…Son casos, pues, en su mayoría, muy diferentes a los que hemos expuesto en colaboraciones anteriores en los que una familia ilustre y plenamente documentada, pongamos por caso, escocesa o irlandesa, llegaba a España huyendo de persecuciones religiosas en su país de origen.

Otro factor de dificultad añadida de casi imposible solución lo aportan las numerosísimas adopciones que se están produciendo en todo Occidente en los últimos decenios. En el siglo XIX y primera mitad del XX, las adopciones eran excepcionales y, en muchos casos, se producían entre miembros de la misma familia. Por ejemplo, el tío solterón que adoptaba a un sobrino para que la herencia tributase menos a Hacienda o el matrimonio de tíos que adoptaba al sobrino huérfano al que habían educado desde la niñez. En estos casos, la genealogía biológica podía trazarse con facilidad, porque los expedientes administrativos contenían los datos necesarios para ello, pero cuando el adoptado tiene unos antepasados incógnitos hasta para e hospicio de donde procede, a veces en extremo oriente o en países de caótica organización burocrática, solamente podremos trazar genealogías ficticias que unan al adoptado con los adoptantes, con quienes le ligan poderosos lazos afectivos, pero en absoluto biológicos, lo cual hará infructuosos los intentos de sacar conclusiones médicas o genéticas aplicables en esas familias con miembros añadidos por vía de adopción.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

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