Los blogs de Plusgenealogía

José Luis Sampedro

Entradas (RSS) - Commentarios (RSS)

8 febrero 2010

LA ORDEN DEL TOISÓN DE ORO (II)

Una vez señalado, a grandes rasgos, lo que se entiende por una Orden, entraremos a considerar detenidamente una de ellas, la Insigne Orden del Toisón de Oro, de gran vinculación a la Corona de España, pero muy desconocida en sus elementos verdaderos.

En primer lugar se debe resaltar que la Orden del Toisón de Oro no es española por su origen: fue creada por Felipe III, Duque Soberano de Borgoña, el 10 de enero de 1430, para solemnizar su boda, en terceras nupcias, con la Infanta Isabel de Portugal. Su fundador la puso bajo el patronato celestial de Nuestra Señora y de San Andrés, cuyas aspas borgoñonas tanto enraizaron en España a lo largo de la Historia. El Duque Felipe, inspirándose en la Orden inglesa de La Jarretera, creó la suya tomando como emblemas los de la leyenda de los argonautas: a bordo del Argos, Jasón y sus compañeros (Castor y Pólux, Hércules, Orfeo...) emprendieron una expedición a la Cólquida para rescatar la piel de carnero (el vellocino o "toisón") trenzada de oro y consagrada a Zeus, con la que los hijos del Rey Atamante de Orcómeno, Frixo y Hele, fueron enviados por su madrastra, la Reina Ino, al Rey Eetes, en Eea (hoy Kutais, en el Cáucaso). El vellocino de oro fue colgado de un ciprés en honor de Prometeo, inventor del fuego y antepasado de Eetes, con motivo de la boda de su hija Calcíope, con el exiliado Frixo. Un monstruo, dragón o serpiente, lo custodiaría durante años. Tras múltiples aventuras, Jasón consiguió apoderarse del vellocino sagrado y devolverlo a Zeus, restituyendo a los hijos de Frixo su herencia, el reino de Orcómeno.

Los collares que sirven de insignia a los caballeros de la Orden, numerados y que deben restituirse a su fallecimiento, se componen de eslabones que alternan la "B" de Borgoña con el pedernal y las llamas, recuerdo de Prometeo y divisa del Duque de Borgoña, cuyo lema era: Ante ferit quam flama micet (golpea antes de que surja la llama). De la cadena pende el vellocino de oro. Otras insignias, para ocasiones en principio menos solemnes, pueden añadir todo tipo de fantasías, y son propiedad privada de los caballeros.

En puertas del Renacimiento, el Duque Felipe quería con estos elementos simbolizar la riqueza lanar de su ducado, representada con la piel del carnero sagrado, y el espíritu aventurero de los compatriotas de su tercera esposa, los portugueses, encarnados por los argonautas. Más tarde trató de cristianizarse la Orden, identificando su simbología con la historia de Gedeón, que siendo un pasaje bíblico la alejaba del paganismo, pero este intento del clero borgoñón no tuvo gran éxito.

La riqueza y el valor, junto al ingenio de los caballeros (no más de 24 en sus orígenes), debían ponerse al servicio de la Religión y la Caballería, y ello encontraría cauce en la aún pretendida recuperación para el cristianismo de los Santos Lugares (fracasadas las Cruzadas hasta ese momento) y, más adelante, en 1454, en los proyectos de recuperación de Constantinopla, caída en manos del infiel turco con el consiguiente daño para la verdadera Fe y, ¿por qué no reconocerlo?, del comercio occidental cuyas rutas principales para comunicarse con Oriente sufrían una gravísima alteración con este cambio.

4 enero 2010

LA ORDEN DEL TOISÓN DE ORO (I)

Dentro de nuestra exposición general sobre distintos aspectos de la Nobleza, y movidos por una gran cantidad de consultas suscitadas por la concesión del Toisón de Oro a Javier Solana y a Víctor García de la Concha, durante las próximas semanas vamos a reflexionar acerca de la evolución de esta corporación nobiliaria, ya que el ingreso en esta prestigiosa entidad otorga la nobleza de sangre (es decir, hereditaria) a quien no la ostentase previamente.

Al tratar con profundidad las vicisitudes de la Orden del Toisón de Oro parece necesario hacer previamente una distinción clara entre tres tipos de galardones que suelen confundirse entre sí: las órdenes, las condecoraciones y las medallas. Las órdenes son grupos de personas en los cuales se ingresa como premio, en el caso que nos ocupa, o con el compromiso de llevar a cabo alguna tarea (benéfica, religiosa, patriótica,...). Tienen un alto componente de hermandad entre sus miembros y a su cabeza se sitúa un personaje, el fundador y sus sucesores, generalmente, si son órdenes dinásticas (así, la que estudiamos), en cuyo caso de llama Soberano o Jefe. Si los estatutos de la Orden preven que los miembros elijan a este personaje, suele denominársele Gran Maestre. Empezando por el nombre, Órdenes, y por muchas de sus características (fines, ritos, hábitos, etc.) las órdenes de caballería deben a las órdenes religiosas gran parte de su configuración. El nacimiento de las órdenes militares está ligado a la Historia de las Cruzadas y, en España, a la particular cruzada que supuso la Reconquista. En estos campos florecía el espíritu caballeresco, religioso y militar, al estilo de los caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo, al menos en teoría, y el ingreso en la orden, cuanto más prestigiosa, se hacía más difícil: pruebas de nobleza de sangre de carácter estricto, pruebas de destreza con las armas, son filtros que se interponen al ansia de los personajes deseosos de participar del prestigio, las riquezas y el poder de las órdenes militares. Finalizadas las Cruzadas y la Reconquista, se van convirtiendo en entes nobiliarios que verán recortada su autonomía por un dominio cada vez mayor de los respectivos reyes absolutos.

Las condecoraciones son simplemente muestras de reconocimiento por parte de los poderes públicos a ciertas personas con méritos, pero las agraciadas con las mismas no constituyen una comunidad colegial como las órdenes. Se confunden las órdenes y las condecoraciones porque sus respectivos emblemas e insignias representativas pueden presentar en la actualidad gran parecido formal. Además, en la práctica, muchas de las llamadas órdenes, civiles o militares, son en realidad más bien condecoraciones, al no mantener las características de hermandad colegiada a la que venimos haciendo mención al hablar de las auténticas órdenes en las que se inspiran. En la realidad, es difícil señalar diferencias esenciales entre la Cruz Roja del Mérito Militar, una condecoración, y la Orden del Mérito Civil.

Las medallas se limitan a recompensar actos singulares o a conmemorar ciertos acontecimientos: la medalla de las Bellas Artes premia labores creativas o interpretati-vas en este campo, y la medalla de la jura de Alfonso XIII conmemoraba este hecho, a la par que premiaba, con carácter muy general, a quienes habían participado, directa o indirectamente en él. Por último señalemos que los emblemas de cargos y funciones, aunque de parecida apariencia, no deben confundirse con las insignias de las órdenes o condecoraciones. Así, las medallas de académicos, abogados, magistrados, fiscales, notarios, registradores, letrados del Consejo de Estado, etc.

23 diciembre 2009

LA NOBLEZA TITULADA (VI)

La perpetuidad del título nobiliario es una de sus características más relevantes pues, aunque hay ejemplos de títulos otorgados con carácter meramente vitalicio y sus efectos se extinguen con la vida del concesionario, tales ejemplos son excepcionales en España. Cabe citar, en tiempos recientes, el caso del eximio arabista don Emilio García Gómez, nombrado conde de los Alixares (cuya eufónica denominación alude al palacio granadino de ese nombre) por Carta firmada por Don Juan carlos I con fecha 7 de octubre de 1994, con esa especial nota de que el título no se transmitiría a su descendencia, por lo que el título sólo tuvo existencia durante unos meses, ya que el ilustre académico falleció menos de un año después, el día 31 de mayo del años siguiente.

                     Dali

Otro ejemplo es el marquesado de Dalí de Pubol (en las disposiciones legales, escriben así este nombre, mientras que en la lápida sepulcral del pintor, en Figueras, lo ponen con acento en la “u”)concedido, según se publicó en el Boletín Oficial del Estado de 26 de julio de 1982, como perpetuo para el genial pintor Salvador Dalí Doménech y sus sucesores -que, en principio, deberían buscarse en la hermana del concesionario, Ana María Dalí Doménech, y en su prole-. Pero, a solicitud del propio artista, y por haber surgido notables diferencias en el seno de su familia, se transformó en vitalicio por el Real Decreto 1377/1983 de 20 de abril, por el que Su Majestad el Rey. Por todo ello, el marquesado de Dalí de Pubol se extinguió, con la vida del pintor, el 23 de enero de 1989. La denominación de esta dignidad hace alusión también a una residencia palatina, el castillo de Púbol, en el que vivieron sus últimos años Salvador Dalí y su esposa Gala Diakonova, la cual está sepultada en su cripta. José Luis Sampedro

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

LA NOBLEZA TITULADA (V)

En ciertos estados europeos que accedieron a la independencia en el siglo XIX al sacudirse el yugo otomano (Grecia, Servia, Bulgaria, Rumanía y Bulgaria) y, más recientemente, Albania y Montenegro o, en otras circunstancias, el reino de Noruega (separado del de Suecia en 1905), no se permitió la concesión de dignidades hereditarias nobiliarias, pese a haber en sus sociedades ilustres familias de prestigiosa nobleza, en la creencia de que se trataba de una institución contraria al principio de igualdad entre los ciudadanos. En esa misma línea de pensamiento, las monarquías supervivientes de Suecia o del Reino Unido han abandonado la práctica de conceder títulos hereditarios y las dignidades otorgadas en los últimos decenios lo han sido a título vitalicio. Problema diferente a este, aunque parecido formalmente, es el de los títulos vitalicios que en el reino de España ostentan algunos miembros de la familia real y que trataremos más adelante, cuando analicemos el Decreto de 1987 que regula esa cuestión en nuestra patria. Sin intentar hacer apología de la institución nobiliaria, el autor de estas líneas cree que puede mantenerse su existencia jurídicamente como recuerdo cultural de modos pretéritos de organización social, habida cuenta que en nuestros días ha perdido totalmente todos los elementos discriminatorios que antaño pudo tener, puesto que no puede ser de otra manera desde que se impuso el sistema liberal en 1834 y así se consagra con la Constitución vigente de 1978 y el resto del ordenamiento jurídico español.

José Luis Sampedro

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

1 diciembre 2009

LA NOBLEZA TITULADA (IV)

La convivencia de los nuevos planteamientos igualitarios, propiciados por los liberales, con esquemas subsistentes del Antiguo Régimen resulta, a veces, de difícil comprensión. La pervvivencia de la nobleza hereditaria sólo llega realmente a ser posible en nuestros tiempos a través de una profunda adaptación de sus caracteres, quedando en gran medida vacía de contenido y relegando la esencia de la institución a una mera forma de denominación social demostrativa del aprecio regio, de forma que subsista esta muestra del aprecio del soberano en las generaciones futuras gracias al carácter hereditario de esa forma especial de denominación personal. Mediante ésta se honra a una persona con méritos que los poderes públicos, representados por el Rey, consideran de relevancia suficiente para justificar la posibilidad de que el ejemplo de ese personaje alcance a las generaciones futuras por la sucesión hereditaria en el título. La esencia del fenómeno la expresaba muy bien un letrado del Consejo de estado, Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez, en el texto de un dictamen en el que afirmaba, poéticamente, que se trataba de verter vino viejo (la figura histórica del título nobiliario, superviviente de una sociedad estamental) en odres nuevos (la organización social democrática e igualitarista en algunos puntos, consagrada en el orden constitucional).

José Luis Sampedro

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

12 noviembre 2009

LA NOBLEZA TITULADA (III)

Una de las notas características de los títulos nobiliarios es que, por regla general, se transmiten hereditariamente entre los miembros de la familia del concesionario. Aquí reside una de las críticas más comunes a esta figura premial, tachándose de injusto el que los descendientes de un personaje, por muy notable que éste haya sido, sean honrados socialmente sin más mérito que el de llevar su sangre. Es evidente que la transmisibilidad de la nobleza a la descendencia del premiado (o, en su defecto, a sus ascendientes) es una pura ficción, una convención social que persigue la permanencia de la representación del homenajeado por sus descendientes y sucesores, y que en algunos casos puede ser útil por la aplicación espontánea por parte de los implicados del viejo aforismo “nobleza obliga”, de tal manera que muchos aristócratas y nobles se ven compelidos añ servicio a la comunidad por los méritos de sus propios antepasados. Así, somos testigos del planteamiento expreso de un hidalgo que afirmaba que para llevar con dignidad un título de los antepasados el titular debía haber realizado méritos como para recibir otro semejante.

No es menos cierta la degeneración de algunos razas que otrora prestaron grandes servicios al país, resultando verídica la figura, que algunos pretenden literaria, del marqués decadente que se comporta de manera harto indecorosa, deslustrando así una brillante trayectoria familiar y dejando a sus hijos una triste herencia moral.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

3 noviembre 2009

LA NOBLEZA TITULADA (II)

En España, para concretar el escenario de nuestras palabras, se produjo en el siglo VIII una situación determinante en la evolución del proceso, se trata de la crisis y desaparción del reino visigodo con la invasión musulmana, que origina aquella peripecia histórica que se desarrolla a lo largo de ochocientos años y que llamamos Reconquista, con sus múltiples mitificaciones y leyendas pero que se encaminó, por múltiples vericuetos, a la reconstrucción del reino cristiano visigodo en el ámbito peninsular y en el archipiélago balear. Este periodo histórico, paralelo a la consolidación de las grandes monarquías europeas -Francia, Inglaterra, Portugal- nos lleva directamente a la culminación de la Reconquista, alcanzando el Renacimiento con la toma de Granada, en 1942 y la posterior incorporación de Navarra a comienzos de la centuria siguiente.

La política de los Reyes Católicos, tendente a la consolidación del poder real frente al de la nobleza, convierte a esta en cortesana, centrando su actividad en los cargos palatinos, en milicia, en la diplomacia y otras funciones similares, detándolas de los perfiles que van a caracterizarla durante el resto del Antiguo Régimen hasta que en nuestra aptria se reciban tardiamente los principios igualitaristas de la revolución norteamericana y de la francesa de finales del siglo XVIII que España asimila matizadamente, a partir de 1834, con el periodo que se abre a la muerte de Fernando VII, en lo que se llama La confusión de estados, tímidammente planteada con anterioridad en el periodo constituyente frustrado de las Cortes de Cádiz y durante el Trienio Liberal que va de 1820 a 1823,

José Luis Sampedro

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

1 noviembre 2009

LA NOBLEZA TITULADA (I)

Los altos personajes de la corte eran los personajes del rey, los comes, los condes. Así, por ejemplo, el conde de los establos era en su origen el condestable que después de ser el encargado de las tropas ecuestres cercanas al rey pasó a ser el custodio del sello real. Otros condes representaban el poder del rey en ciertas regiones como gobernadores y ejercían en su nombre funciones tan importantes como impartir justicia o recaudar impuestos.

El conde, para los germánicos, es el graf. Si se trata del conde de una zona fronteriza, la marca (mark) será el "markgraf", es decir, el margrave, el marqués. La Marca Hispánica (coincidente en gran medida con lo que hoy conocemos por Cataluña) era una zona fronteriza de la monarquía visigoda lo suficientemente importante como para que a su cabeza se pusiese a un personaje de la mayor relevancia de la corte visigoda. Otras regiones importantes que no fueran fronterizas quedaban reservadas a "dux", y por eso se llamaron ducados, como el de Cantabria o el de Mérida.

Vemos así como nacieron los duques, los marqueses y los condes. Los que actuaban de segundos de los condes eran, lógicamente, los vizcondes, los vice- condes, que ocupa su puesto en ausencia y resulta así su "teniente" y, en muchos casos su sucesor.

Los barones y señores, en zonas más pequeñas, siguen esquemas parecidos. El desempeño de estas funciones termina haciéndose, en la práctica, privativo de los linajes más influyentes de la zona, hasta convertirse en hereditario en ciertas familias, primero con la aquiescencia regia y más tarde por la cristalización lógica del sistema. José Luis Sampedro

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

2 octubre 2009

La nobleza (II)

nobleza_II Con la caída del imperio romano, los reinos altomedievales surgidos de las invasiones bárbaras mantienen un sistema parecido, en el que la pertenencia a las élites nobiliarias viene dada por el derecho de sangre, es decir, por la pertenencia al linaje noble al descender de él por línea de varón. La ley sálica, la ley de los salios, establecía rigurosamente el principio de agnación por el cual la nobleza se transmite por la línea de varón y la mujer sigue la condición del marido; por ello, según el viejo aforismo franco, el rey hace reina a la pastora. Siguiendo este principio, las Leyes de Partidas de Alfonso X el Sabio declaraban que la mujer del conde sería condesa y la del hidalgo sería hidalga. Por el contrario, la mujer noble que matrimoniaba con un plebeyo perdía su estatuto privilegiado y su descendencia no se encuadraba en la nobleza.

Junto a la nobleza de sangre, ha de considerarse la nobleza de cargo, lo que en Francia se llama noblesse du robe, reconocida en las antes mencionadas Partidas de Alfonso X. El fenómeno de extensión de los privilegios nobiliarios se hizo tan acusado tras la guerra civil entre Pedro I de Castilla y su hermano Enrique, llamado precisamente por su generosidad en estos asuntos el de las Mercedes, que surgió una nueva nobleza, seguidora de los Trastámara, integrada por burgueses, prestamistas, ganaderos y comerciantes. Pero algunos autores señalan con acierto que, junto a los nuevos linajes, se conservan algunos antiguos que se aliaron a los nuevos monarcas, así como segundones de las viejas familias. Tan numerosos fueron los privilegios, que, desde el reinado de Juan II hasta el del Emperador Carlos V, se alzaron numerosas voces (sobre todo en las Cortes) pidiendo coto a tal situación. Las reticencias para empadronar a los nobles como tales originaron numerosos pleitos de hidalguía, mediante los cuales los afectados trataban de evitar verse empadronados como hombres buenos pecheros, fenómeno agudizado en el siglo XVIII al elaborarse el frustrado Catastro del marqués de la Ensenada.

Los privilegios de que gozaba la nobleza en el terreno fiscal y en las levas de ejércitos obligaban a los concejos municipales a tratar de evitar en lo posible el reconocimiento de los numerosos hidalgos existentes en algunas zonas de España, produciendo esos pleitos, largos y costosos, que no todos los hidalgos podían costearse, pero que a los investigadores genealógicos nos aportan multitud de datos preciosos.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

11 septiembre 2009

LA NOBLEZA (I)

nobleza_I

Podrían escribirse varios tratados acerca de la Institución social que conocemos por Nobleza, tan antigua como la civilización, la cual ha evolucionado enormemente a lo largo de la Historia, hasta adquirir los caracteres actuales, que expondremos de manera sucinta, procurando ser claros, en los párrafos siguientes.

Los imperios de la Antigüedad -Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma- se estructuraban socialmente con la división de la población en hombres libres y esclavos; entre los primeros, se distinguían los nobles y los plebeyos, con mayores o menores matizaciones. En Roma, madre de nuestra cultura, los patricios se encontraban en la cúspide de la sociedad, situándose bajo ellos los equites -caballeros de la baja nobleza- y las distintas clases de ciudadanos y hombres libres. Los esclavos, sin personalidad jurídica, eran la última capa de la sociedad. Éstos podían ser nobles de origen, pero caídos en su condición de esclavitud, su condición noble tenía escasa virtualidad.

En estas civilizaciones, los miembros de la nobleza compartían con el monarca, en mayor o menor grado, el control social, político, económico, militar y religioso. Noble, etimológicamente, se emparenta con notable (gnoscible= reconocible), es decir, el que es conocido: los jefes de los clanes, los sacerdotes, los caudillos militares, los más ricos, los más instruídos,... La nobleza se configura así ante la sociedad como un cúmulo de virtudes concurrentes en una persona, pero la pertenencia al estamento nobiliario sólo se alcanza mediante la declaración del poder social constituído (rey, senado, concejo, parlamento,...) que reconoce esas virtudes en una persona o un linaje, en el caso habitual de ser transmisible a su descendencia ese reconocimiento. Como estas características tienden a transmitirse por el ejemplo, y la educación a casi todos los miembros de la familia, la condición de la nobleza y la situación de privilegios que comporta se hace hereditaria de una manera casi automática, a lo que contribuye poderosamente la endogamia que practica este grupo en todas las civilizaciones.

por José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

1 agosto 2009

LA HERÁLDICA (IV) ALGUNAS NOCIONES DE HERÁLDICA

Los esmaltes que se usan el heráldica para los campos de los escudos y para las piezas y figuras que en ellos se representan son los siguientes: oro, plata, púrpura, sinople (que es verde), azur (azul), gules (rojo) y sable (negro). En la heráldica inglesa también se emplean el naranja y el violeta. En muchas ocasiones, cuando se representan personas, animales o vegetales, se utilizan sus colores naturales. Una ley heráldica, incumplida con frecuencia, establece que los metales (oro y plata) no deben representarse sobre metales ni los colores sobre colores. Los metales y los colores se representan de modo gráfico por un útil sistema de líneas y puntos, creación del Padre Pietrasanta. heraldica_IV

Existen también los forros, entre los que mencionaremos los armiños, los veros y los contraveros. Al centrar nuestro interés principalmente en la genealogía no podemos entrar en la infinidad de piezas y figuras que pueden encontrase en el interior de los escudos de armas, salvo indicar que son decenas las primeras e infinitas las segundas, reales, ficiticias, o mitológicas.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

1 julio 2009

EL REY PRESIDE EL CAPÍTULO DE LA ORDEN DE SAN HERMENEGILDO

Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, acompañado por S.A.R. el Príncipe de Asturias, ha presidido la celebración del capítulo de la Real Orden de San Hermenegildo en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial, donde se custodia la reliquia de este Príncipe visigodo, patrón de los conversos que recibió el martirio, según la tradición, por no volver al arrianismo tras abrazar el catolicismo. La Real Orden que lleva el nombre del mártir fue fundada por Fernando VII en 1814 para tener un medio adecuado de recompensar los servicios militares prestados durante la recién finalizada Guerra de la Independencia y en la actualidad sirve para recompensar la constancia en el servicio sin tacha en el historial de los miembros del Ejército y de la Guardia Civil.



Tras la imposición de condecoraciones, se celebró la Santa Misa, oficiada por el arzobispo castrense, y tuvo lugar la reunión del Capítulo, presidido por el Soberano de la Orden, Don Juan Carlos I, acompañado del Príncipe y del Infante Don Carlos. Mientras se celebraba esta sesión, el resto de los asistentes pudieron escuchar un breve concierto de la Escolanía, dirigida por D. Javier Martínez Carmena.

S.A.R. el Infante don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, ocupó lugar preferente como Soberano de la Orden Constantiniana de San Jorge y caballero del Toisón de Oro, encabezando las representaciones de corporaciones nobiliarias y entidades afines, como las Órdenes de Santiago, Alcántara, Calatrava y Montesa, las Reales Maestranzas de Caballería, el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, los nobles linajes de Segovia, el Ilustre Solar de Tejada, los Infanzones de Illescas, los caballeros y escuderos de Cuenca, los cubicularios de Zamora, la Cofradía de Investigadores y un largo etcétera. Al acto asistieron también la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el alcalde del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, José Luis Fernández-Quejo, el delegado del Patrimonio Nacional, Pablo Larrea, el Gran Canciller de la Orden, General Rodrigo y el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general del Aire José Julio Rodríguez, entre otras personalidades, así como una muy numerosa representación de los agregados militares acreditados en Madrid.

La celebración del capitulo del año 2009 coincide con la reapertura de la Real Basílica, tras acometer Patrimonio Nacional un ambicioso proyecto de rehabilitación que abarca desde la restauración del cimborrio, de los carrillones o del órgano hasta la de las pinturas de Lucas Jordán, del retablo y de los cenotafios de Carlos V y Felipe II, de Leoni. La brillantez del acto quedó algo difuminada ya que la lluvia impidió la celebración de los honores militares, homenaje a los caídos y desfile previstos.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria__

LA HERÁLDICA (III) ALGUNAS NOCIONES DE HERÁLDICA

Los escudos no son los únicos emblemas heráldicos sino la base de los más importantes; entre tales emblemas, los llamados escudos de armas o, simplemente, las armas que aparecen representadas en los mismos. Los escudos tienen íntima relación con sus elementos externos -yelmos, coronas o mitras que los timbran-, los lambrequines, los tenantes y los soportes, las condecoraciones e insignias que se acolan, las banderas que los ornan, etc. Diferentes, aunque parecidas, son las divisas personales, como el yugo adoptado por el Rey Fernando el Católico en homenaje a su esposa Isabel I de Castilla y las flechas que en contrapartida usó la Reina como referencia a la letra inicial del nombre de su marido. Igualmente tienen carácter de divisa personal las columnas de Hércules, emblema heráldico adoptado como representación personal por el Emperador Carlos V y que, con el transcurrir del tiempo, daría lugar al nacimiento del signo del dólar ($), cuyo anagrama no es más que la esquematización de las aludidas columnas y de la filacteria o cinta en la que se escriben las célebres palabras PLUS ULTRA, alusivas a la empresa del descubrimiento y colonización de América.

En cuanto al escudo de armas estrictamente considerado, las formas que puede adoptar, según la procedencia geográfica o el uso al que se destine, son el escudo español, francés, inglés e italiano, en razón de la mencionada procedencia. Los escudos ovalados pertenecen a las mujeres, que también los emplean romboidales (en losange). Algunas ciudades, en especial de la zona mediterránea, los usan cuadrados, apoyados sobre uno de los ángulos, como en los casos de Barcelona y Valencia.

Por la época y el estilo artístico al que corresponda caben infinidad de variantes pero ha de tenerse en cuenta que el momento de mayor pureza de la heráldica es la Edad Media. Los escudos renacentistas, barrocos y de estilo rococó, aunque nos parezcan de gran belleza son bastante decadentes y, en ocasiones, excesivamente fantasiosos.

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

26 junio 2009

LA HERÁLDICA (II)

Aunque el gran público asocie la imagen de los escudos heráldicos con la nobleza, la teoría desmiente esta idea. En casi todos los países en los que la heráldica sirve para identificar a personas y familias, la adopción de un escudo no requiere necesariamente la posesión previa de la nobleza, pues en nuestro entorno cultural los escudos heráldicos sirven tanto para distinguir a nobles y reyes como a gremios, ciudades, comerciantes, prestamistas (luego convertidos en banqueros y financieros) y un largísimo etcétera de corporaciones y entidades de muy diversa índole.

De hecho, salvo en el antiguo reino de Navarra, la posesión de armas heráldicas no ha sido considerada como prueba de nobleza en ninguno de los reinos de España. Precisamente por ello, las menciones heráldicas en los expedientes de prueba de nobleza (en Chancillerías, Órdenes Militares, Maestranzas,…) no tiene casi cabida y, de hacerse mención a las armas de un linaje, se hace de pasada y sin demasiada insistencia, por ser conocida la escasa importancia que para la prueba de nobleza requerida representaba este dato. Mas, como avanzábamos, en Navarra la posesión de escudo de armas por una persona o familia sí era una de las más determinantes pruebas de nobleza, y, además, el uso indebido de tales emblemas era severamente reprimido por las autoridades, por considerarse un grave delito.

Por tanto, pese a lo sonoro de los términos usados en la heráldica, ésta debe considerarse como una ciencia que estudia una de las formas identificativas más interesantes de la cultura occidental, pero es un fenómeno social que no debe identificarse estrictamente con las clases nobles aunque, por lógica, en el estamento nobiliario florece alcanzando enorme brillantez. Dado que en el escudo de armas se cifra lo que de honroso tiene un linaje o la conmemoración de la hazaña de un héroe es lógico que el término “blasonar” signifique “hacer ostentación de alguna cosa con alabanza propia”, además de su originario significado de “describir correctamente un escudo de armas”.

__José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria__

12 junio 2009

LA HERÁLDICA (I)

La heráldica, según recoge el Diccionario de la real Academia española, es la ciencia del blasón, es decir, el conjunto de reglas que nos sirven para componer y describir correctamente escudos de armas. Esta definición nos lleva, de modo inevitable, a definir los escudos de armas, que son los emblemas que se pintan sobre un campo con forma de este arma defensiva (el escudo) y que sirva para identificar reinos, ciudades, personas, gremios, etc.

La heráldica, tal y como la entendemos en la actualidad, nació a finales del siglo XII en la zona geográfica a ambos lados del canal de la Mancha, extendiéndose con gran rapidez por las isalas británicas, Francia, Alemania, Países bajos y Flandes, Luxemburgo, Italia, Aragón, Castilla y Portugal. Su rápida expansión es fácil de explicar en un mundo en continuas luchas en el que era muy difícil reconocer a los aliados y a los adversarios, de tal manera que los colores brillantes de las divisas heráldicas permitían este reconocimiento en el caso, tan frecuente en la edad media, de que los combatientes ocultasen su rostro con la celada de yelmos y cascos. Los grandes señores –reyes, príncipes, prelados y magnates en general- eran quienes levantaban más numerosos ejércitos, en derredor de cuyas enseñas se agrupaban las huestes en marcha y en la batalla, y por ello, los emblemas heráldicos van adquiriendo un tinte de nobleza, prestigio y poderío que a los ojos sencillos de las multitudes medievales los convierten en la representación de estos bienes tan preciados.

Antes de avanzar más en el sugerente mundo de la Heráldica subrayemos su doble carácter simbólico y emblemático y aclaremos sus diferencias. Un símbolo representa a algo que no existe materialmente: el color verde simboliza la esperanza; el negro, simboliza el luto. Un símbolo también puede representar algo existente de una manera genérica: el química, las letras AU son el símbolo del oro. Un emblema representa algo existente: un partido político, un equipo deportivo, una ganadería. No es difícil entender que un escudo heráldico es emblema de una persona, una familia o un reino, pero también es símbolo del orgullo de sus gestas, de las hazañas de los antepasados, de la esperanza en el futuro de la patria o del amor a los antepasados. Por tanto, un escudo heráldico es, por una parte, simbólico y por otra, emblemático (adjetivo éste ahora usado con exageración pero que en este caso resulta imprescindible).

José Luis Sampedro Escolar

Vicepresidente de la Asociación de diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria

- page 1 de 4